Te adoramos, Señor, y te bendecimos,
porque por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.
Jesús, en camino a su crucifixión y en medio de tanto dolor,
encuentra a su madre por un instante. Ambos comparten el mismo dolor
en una mirada: Jesús el dolor por su pueblo; María el dolor por su
Hijo. Jesús está a punto de culminar su misión al sacrificarse por el
perdón de los pecados, mientras María recuerda aquellas palabras "una
espada te atravesará el alma".
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.
Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
como era en un principio, ahora y siempre, por los
siglos de los siglos.
Amén
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2026