II Semana
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Ant Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid,
adorémosle.
HIMNO
Verbo que del cielo bajas,
Luz del Padre que, naciendo,
socorres al mundo mísero
con el correr de los tiempos:
Ilumina el corazón,
quema de amor nuestro pecho,
y borren tus enseñanzas
tantos deslices y yerros,
para que, cuando regreses
como juez de nuestros hechos,
castigues el mal oculto
y corones a los buenos.
Que la maldad no nos lance
por nuestras culpas al fuego,
mas felices moradores
nos veamos en tu reino.
A Dios Padre y a su Hijo
gloria y honor tributemos,
y al Espíritu Paráclito,
por los siglos sempiternos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1 Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
- Salmo 36 -
--I--
No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará brillar tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el mediodía.
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el hombre que triunfa
empleando la intriga:
cohibe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1 Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Ant. 2 Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo
sostiene el Señor.
--II--
El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la opulencia;
pues al malvadose se le romperán los brazos,
pero al honrado lo sostiene el Señor.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempos de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán;
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y perdona.
Los que el Señor bendice poseeen la tierra,
los que él maldice son excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace de sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da prestado;
bendita será su descendencia.
Apártate de mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá;
pero los justos poseen la tierra, la habitarán por siempre jamás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2 Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
Ant. 3 Confía en el Señor y sigue su camino.
--III--
La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el juicio.
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo encontré.
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados quedará truncado.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva,
porque se acogen a él.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3 Confía en el Señor y sigue su camino.
VERSÍCULO
V. Una voz clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor.
R. Enderezad las sendas para nuestro Dios.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías
24, 19—25, 5
En aquel día, se tambaleará y se bamboleará la tierra,
temblará y se agrietará, se moverá y removerá; vacilará y
oscilará como un borracho, cabeceará como una choza.
Tanto le pesará su pecado, que se desplomará y no se
levantará más.
Aquel día, juzgará el Señor a los ejércitos del cielo en
el cielo, y a los reyes de la tierra en la tierra. Se van agru-
pando, presos en la mazmorra, y quedan encerrados; pa-
sados muchos días comparecerán a juicio. La luna llena
se sonrojará, el sol ardiente se avergonzará, cuando reine
el Señor de los ejércitos en el monte Sión y en Jerusalén,
lleno de gloria ante su senado.
Señor, tú eres mi Dios, te alabaré y te daré gracias
porque has realizado maravillas, antiguos designios fir-
mes y seguros. Convertiste la ciudad en escombros, la
plaza fuerte en ruinas, el castillo enemigo no será ya ja-
más reconstruido.
Por eso te glorifica un pueblo fuerte. Y la capital de
los tiranos te temerá porque has sido baluarte para el
pobre, fortaleza para el desvalido en su angustia, para-
peto contra el aguacero, sombra contra el calor. Porque
el ánimo de los tiranos es como lluvia en invierno, como
canícula en la tierra seca. Mas tú mitigas la canícula con
sombra de nubes, tú humillas el canto de los tiranos.
Responsorio
R. Señor, tú eres mi Dios, te alabaré y te daré gracias
* porque has realizado maravillas.
V. Has sido baluarte para el pobre, fortaleza para el des-
valido en su angustia.
R. Porque has realizado maravillas.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución dogmática Lumen géntium, sobre la
Iglesia, del Concilio Vaticano segundo
La Iglesia, a la que todos hemos sido llamados en
Cristo Jesús y en la cual, por la gracia de Dios, adquiri-
mos la santidad, no será llevada a su plena perfección
sino cuando llegue el tiempo de la restauración de todas
las cosas. Entonces, junto con el género humano, también
será perfectamente renovado el universo entero, que está
íntimamente unido con el hombre y por él alcanza su fin.
Porque Cristo, levantado en alto sobre la tierra, atrajo
hacia sí a todos los hombres; habiendo resucitado de en-
tre los muertos, envió a su Espíritu vivificador sobre sus
discípulos y por él constituyó a su cuerpo, que es la Igle-
sia, como sacramento universal de salvación. Ahora, sen-
tado a la derecha del Padre, actúa sin cesar en el mundo
para conducir a los hombres a su Iglesia. Por ella los une
más estrechamente a sí y, alimentándolos con su propio
cuerpo y sangre, los hace partícipes de su vida gloriosa.
Por tanto, la restauración prometida que esperamos
ya comenzó en Cristo, recibe un nuevo impulso con la
venida del Espíritu Santo y continúa por medio de él en
la Iglesia; en ella por la fe somos instruidos también
acerca del sentido de nuestra vida temporal, en tanto que
con la esperanza de los bienes futuros llevamos a cabo la
obra que el Padre nos ha confiado en el mundo y traba-
jamos por nuestra salvación.
Ha llegado hasta nosotros la plenitud de los tiempos;
la renovación del mundo está irrevocablemente decretada
y empieza a realizarse en cierto modo en el siglo presen-
te, pues la Iglesia, ya en la tierra, posee una verdadera
santidad, aunque imperfecta.
Y mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en
los que tenga su morada la justicia, la Iglesia peregri-
nante, en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen
a este tiempo, lleva consigo la imagen de este mundo que
pasa, y ella misma vive entre las creaturas que hasta el
presente gimen y sufren dolores de parto, anhelando la
manifestación de los hijos de Dios.
Responsorio
R. Esperamos que venga como salvador Cristo Jesús,
el Señor. * Él transfigurará nuestro cuerpo de humil-
de condición en un cuerpo glorioso, semejante al
suyo.
V. Vivamos con sensatez, justicia y religiosidad en esta
vida, aguardando la feliz esperanza y la manifesta-
ción de la gloria del gran Dios.
R. Él transfigurará nuestro cuerpo de humilde condi-
ción en un cuerpo glorioso, semejante al suyo.
ORACIÓN.
Oremos:
Dios nuestro, que has proclamado tu salvación a todos
los confines de la tierra, concédenos esperar con alegría
las fiestas del nacimiento del Salvador, Jesucristo, tu
Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN.
V. Bendigamos al Señor.
R, Demos gracias a Dios.
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