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Oficio de lectura
Sábado II de Adviento
SANTA LUCÍA, vírgen y mártir
Memoria

Probablemente sufrió martirio en Siracusa, bajo la perse-
cución de Diocleciano. Su culto se difundió ya desde antiguo
por casi toda la Iglesia, y su nombre fue introducido en el
Canon Romano.

Daniel +
1972-2001

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid,
adorémosle.
[Sal 94] ó [Sal 99] ó [Sal 66] ó [Sal 23]

HIMNO

Verbo que del cielo bajas,
Luz del Padre que, naciendo,
socorres al mundo mísero
con el correr de los tiempos:

Ilumina el corazón,
quema de amor nuestro pecho,
y borren tus enseñanzas
tantos deslices y yerros,

para que, cuando regreses
como juez de nuestros hechos,
castigues el mal oculto
y corones a los buenos.

Que la maldad no nos lance
por nuestras culpas al fuego,
mas felices moradores
nos veamos en tu reino.

A Dios Padre y a su Hijo
gloria y honor tributemos,
y al Espíritu Paráclito,
por los siglos sempiternos. Amén.

SALMODIA

Ant.1 Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna
su misericordia.

- Salmo 135-
--I--

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.1 Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna
su misericordia.

Ant. 2 Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a
Israel de Egipto.

--II--

Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a
Israel de Egipto.

Ant. 3 Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de
nuestros opresores.

--III--

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Ya Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de
nuestros opresores.

VERSÍCULO

V. El Señor anuncia su palabra a Jacob.
R. Sus decretos y mandatos a Israel.

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías
29, 1-8

¡Ay de Ariel, Ariel, la ciudad que sitió David! Añadid
año sobre año, gire el ciclo de las fiestas, y yo asediaré
a Ariel y habrá llanto y lamento.

Serás para mí otro Ariel y acamparé contra ti como
David, te estrecharé con trincheras y alzaré baluartes
contra ti. Humillada, hablarás desde el suelo y tu pala-
bra sonará apagada desde el polvo; saldrá tu voz desde
el suelo, como la de un fantasma, como un murmullo
se oirá tu palabra desde el polvo.

Pero de improviso vendrá en tu auxilio el Señor de
los ejércitos, con trueno y terremoto y gran estruendo,
con huracán y vendaval y llamas devoradoras. Será como
polvareda que pasa el tropel de los pueblos que comba-
ten contra ti; como nube de tamo el tropel de tus agre-
sores. Acabará como sueño o visión nocturna la multi-
tud de los pueblos que combaten contra Ariel, y todas
sus trincheras, baluartes y máquinas de guerra.

Como el hambriento sueña que come y se despierta
con el estómago vacío, como el sediento sueña que
bebe y se despierta con la garganta reseca, así les ocu-
rrirá a las hordas de las naciones que combaten contra
el monte Sión.

Responsorio

R. No temas, Jerusalén, no tendrás que avergonzarte,
* cuando venga en tu auxilio el Señor de los ejér-
citos.

V. Será como polvareda que pasa el tropel de los pue-
blos que combaten contra ti.

R. Cuando venga en tu auxilio el Señor de los ejércitos.

SEGUNDA LECTURA

Del Libro de san Ambrosio, obispo, Sobre la virginidad

Tú. que has salido de entre el pueblo, de entre la
multitud, eres ciertamente una de las vírgenes que ilu-
minas la gracia de tu cuerpo con el esplendor de tu
espíritu (por eso, con toda razón, eres comparada a la
Iglesia); así pues, en las noches, cuando estés en tu ha-
bitación, piensa siempre en Cristo y espera continua-
mente su llegada.

Así te desea Cristo, por eso te ha elegido. Él entra
cuando se le deja la puerta abierta; él, que ha prome-
tido entrar, no puede faltar a su promesa. Abraza en-
tonces al que has buscado, acércate a él y quedarás ra-
diante; deténlo, pídele que no se vaya luego, suplícale
que no se marche. Pues la Palabra de Dios suele pasar
de prisa: si siente algún desdén, no se entrega; si no se
le hace caso, se retira. Atiende con interés a lo que te
diga, sigue con insistencia las huellas de sus palabras;
pues suele retirarse pronto.

¿Qué dice la esposa del Cantar de los cantares? Lo
busqué y no lo encontré, lo llamé y no respondió. Si se
ha marchado muy pronto de ti aquel a quien llamaste, a
quien suplicaste, a quien abriste tu puerta, no por ello
pienses que le has desagradado, pues a veces quiere po-
nernos a prueba. ¿Qué fue lo que dijo, en el Evangelio, a
las turbas que le rogaban que no se fuese? Es necesario
que yo vaya a anunciar la palabra de Dios también a
otras ciudades, porque ésa es mi misión. Así pues, si pa-
reciere apartarse de ti, sal fuera y búscalo de nuevo por
todas partes.

¿Quién más, si no es la santa Iglesia, puede enseñarte
cómo retener a Cristo? Y ya te lo ha enseñado, si en-
tiendes lo que lees: Apenas los pasé, encontré al amor
de mi alma; lo abracé y ya no lo soltaré.

Y ¿cuál es la manera de retener a Cristo? No por la
fuerza, no con los nudos de una soga, sino con ataduras
de amor, con correas espirituales, con el afecto del alma
es como se le retiene.

Si quieres tener a Cristo contigo, búscalo sin temor al
sufrimiento; muchas veces, donde mejor se lo encuentra
es en medio de los suplicios del cuerpo, entre las mis-
mas manos de los perseguidores.

Apenas los pasé, hemos citado antes. Pasado un breve
espacio de tiempo después que hayas escapado a los per-
seguidores, sin sucumbir a los poderes del mundo, Cristo
te saldrá al encuentro y no permitirá que seas ya pro-
bada por mucho tiempo.

La que de este modo busca a Cristo, la que lo encuen-
tra, puede exclamar: Lo abracé y ya no lo soltaré, hasta
entrarlo en la casa de mi madre, en la alcoba de la
que me llevó en sus entrañas. Esta casa y alcoba de tu
madre no significa otra cosa que la parte más íntima de
tu ser. Conserva bien esa casa, limpia bien sus rincones
más escondidos, para que así, limpia de toda mancha,
se levante como una casa espiritual, hasta formar un
sacerdocio santo, consolidada por la piedra angular, y
que el Espíritu Santo habite en ella.

La que de este modo busca a Cristo, la que le ruega,
no queda abandonada por él; al contrario, él vuelve con
frecuencia a visitarla, pues está con nosotros hasta el
fin del mundo.

Responsorio

R. Agradó a Dios en el combate y fue glorificada ante
Dios y ante los hombres; hablaba sabiamente ante
los príncipes, * y la amó el Señor del universo.

V. Esta virgen preparó en su corazón una morada digna
para Dios.

R. Y la amó el Señor del universo.

ORACIÓN.

Oremos:
Te pedimos, Señor, por interseción de santa Lucía,
vírgen y mártir, que llenes de luz y de gozo nuestros
corazones, y que quienes hoy celebramos su martirio
en la tierra lleguemos a contemplar con nuestros pro-
pios ojos tu gloria en el cielo. Por nuestro Señor Je-
sucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. Bendigamos al Señor.
R, Demos gracias a Dios.

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