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Laudes
Sábado VII de Pascua

Cirio Pascual

Martha de Jesús+
1941-2008

Daniel +
1972-2001

San Felipe Neri
Nació en Florencia el año 1515; marchó a Roma y allí em-
pezó a dedicarse al apostolado de la juventud y fundó tam-
bién una asociación en favor de los enfermos pobres, Siem-
pre se preocupó por llevar una perfecta vida cristiana, sin-
cera y plena. Fué ordenado sacerdote el año 1551, y fundó el
Oratorio, que tenía por objeto la instrución espiritual, el
canto y la práctica de obras de caridad. Sus virtudes más
destacadas fueron el amor al prójimo, la sencillez evangélica
y la alegría en el servicio de Dios. Murió en el año 1595.

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant A Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu
Santo, venid, adorémosle. Aleluya.
[Sal 94] ó [Sal 99] ó [Sal 66] ó [Sal 23]

HIMNO

Contigo sube el mundo cuando subes,
y al son de tu alegría matutina
nos alzamos los muertos de las tumbas;
salvados respiramos vida pura,
bebiendo de tus labios el Espíritu.

Cuando la lengua a proferir no alcanza
tu cuerpo nos lo dice, ¡oh Traspasado!
Tu carne santa es luz de las estrellas,
victoria de los hombres, fuego y brisa,
y fuente bautismal, ¡oh Jesucristo!

Cuando el amor humano sueña y quiere,
en tu pecho, en tu médula, en tus llagas
vivo está, ¡oh Jesús glorificado!
En ti, Dios fuerte, Hijo primogénito,
callando, el corazón los gusta y siente.

Lo que fue, lo que existe, lo que viene,
lo que en el Padre es vida incorruptible,
tu cuerpo lo ha heredado y nos lo entrega.
Tú nos haces presente la esperanza,
tú que eres nuestro hermano para siempre.

Cautivos de tu vuelo y exaltados
contigo hasta la diestra poderosa,
al Padre y al Espíritu alabamos;
como espigas que doblan la cabeza
los hijos de la Iglesia te adoramos. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 Mis palabras son espíritu y vida. Aleluya.

- Salmo 118 -

Te invoco de todo corazón;
respóndeme Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa; escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Mis palabras son espíritu y vida. Aleluya.

Ant. 2 Edificaste, Señor, un templo y un altar
en tu monte santo. Aleluya.

Cántico.
Sb 9, 1-6. 9-10

Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus creaturas,
y para que rigiese el mundo con santidad y justicia
y lo gobernase con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu esclava,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría conocedora de sus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos
y de tu trono de gloria envíala
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Edificaste, Señor, un templo y un altar
en tu monte santo. Aleluya.

Ant. 3 Yo soy el camino y la verdad y la vida. Aleluya.

- Salmo 116 -

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos:

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Yo soy el camino y la verdad y la vida. Aleluya.

LECTURA BREVE

Rm 14, 7-9

Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere
para sí. Que si vivimos, vivimos para el Señor; y si
morimos, para el Señor morimos. En fin, que tanto
en vida como en muerte somos de Señor. Para esto
murió Cristo y retornó a la vida, para ser Señor de
vivos y muertos.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

V. El que por nosotros colgó de madero.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin
del mundo. Aleluya.

Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin
del mundo. Aleluya.

PRECES.

Nosotros, que hemos sido bautizados en el Espíri-
tu Santo, glorifiquemos al Señor, junto con todos los
bautizados y roguémosle:

Señor Jesús, santifícanos en el Espíritu.

Envíanos, Señor, tu Espíritu Santo,
para que te confesemos ante los hombres como
Señor y rey nuestro.

Danos una caridad sincera,
para que nos amemos mutuamente, como buenos
hermanos.

Dispón con tu gracia el corazón de los fieles,
para que acojan con amor y alegría los dones, del
Espíritu.

Danos la fortaleza del Espíritu Santo,
y haz que sane y vigorice lo que en nosotros está
enfermo y débil.

Se pueden añadir algunas intenciones libres
peticiones

Bajo el impulso del Espíritu Santo, que ora en
nuestro interior con gemidos inenarrables, dirijamos
al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro .............

ORACIÓN.

Señor, Dios nuestro, que nunca dejas de glorificar la
santidad de quienes con fidelidad te sirven, haz que el
fuego del Espíritu Santo nos encienda en aquel mismo
ardor que tan maravillosamente inflamó el corazón de
san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.

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